El bramido de la Mantis
| Tomates Verdes Crudos en Universo Gay
2012
28
Feb
El bramido de la Mantis
Por Mónica Martín
Sí aún no lo has emitido, estás a tiempo. Descubre para tu propio uso y disfrute el canto nocturno de la Mantis, un animal excitante, que todas llevamos dentro.
Esta mañana estaba yo conduciendo el coche por un paisaje nevado, atravesando un lago que tenía las orillas cubiertas de nieve, con la mano en el muslo de mi mujer, dándole vueltas al tema que quería afrontar esta semana en la columna y me ha venido, de pronto, un pensamiento que me asalta cien mil veces cada día. Al principio tenía ciertas dudas de si era apropiado o no, dado que no hace mucho que nos conocemos pero, al final, he decidido hacerlo. Ha llegado el momento. Hoy vamos a hablar de sexo. Más bien vamos a hablar de esclavitud sexual.
Hay
veces que una va por la vida con una pesada máscara con la que
pretende cubrir los años de ira y represión sexual a los que ha
sido sometida. No es culpa de nadie. Naces en un contexto histórico,
dentro de una familia que, asumamos el supuesto, lo han hecho lo
mejor que han sabido o que han podido pero, aun así no han sabido
educarte en un conocimiento de tu sexualidad libre, abierto y
desinhibido. Te enseñan que no debes tocarte ahí,
que no debes entretenerte ahí,
que no debes enseñar eso de ahí.
Te
aleccionan para negar el placer, la autoexploración, los sueños
adolescentes cargados de erotismo, que tantas veces te asaltan cuando
estas en la edad. Te orientan y te animan, para mantener una conducta
que se acote dentro de los términos de la decencia y terminan por
convencerte, de que lo que tienes entre las piernas ni siquiera te
pertenece, porque es una parte de tu cuerpo que en realidad está
reservado para entregárselo a alguien muy especial, que se
convertirá en el amor de tu vida. En estos falsos sueños de
princesas que tienen un preciado ropero con fondo rosa es fácil
caer, si desde tú más tierna infancia has sido aleccionada para
convertirte en fiel amante y esposa. Piénsalo despacio. Cambias
placer por exocomplacencia. Te convierten en una prostituta de la
virginidad. Algún día, teóricamente, podrás canjear ese preciado
tesoro por un amor perdurable hasta el infinito y más allá pero,
¿Es realmente eso lo que queremos?. ¿Guardar como un tesoro nuestra
preciada virginidad hasta el momento oportuno de desfloración,
incluso emocional, o más bien, lo que se esconde detrás de todo ese
carnaval de exigencia social, no es otra cosa que el terror frente a
una mujer que se siente orgullosa y libre de sentir ese placer
sexual?. El miedo ante una mantis que copula contigo y te arranca la
cabeza después. Yo quisiera ser ese animal salvaje, que siente tan
libre su sexualidad, que no tiene ningún problema en devorarte viva.
Y como yo, la mayoría de las mujeres, el tema es, ¿Esta la sociedad
preparada para encontrarse con la mujer libre en mayúsculas?.
Mi opinión, mi humilde opinión, es que no interesa que haya una
mujer verdaderamente liberada del yugo patriarcal y heterosexista de
la sociedad a todos los niveles, porque eso genera una sensación de
inseguridad brutal frente a algunas facciones de la sociedad, que en
particular, a la mujer lesbiana cataloga como desviada, enferma y
viciosa. Es más fácil meternos en ese saco o simplemente asegurar
que no hemos conocido una buena polla, que asumir que hemos decidido
no confluctuarnos con la imagen que tenemos de nosotras mismas y
vivir tranquilamente nuestra sexualidad. Un dato, no hay de que
avergonzarse si los vecinos te oyen gemir en cada encuentro sexual
con tu pareja. Siéntete orgullosa de follar libremente. La mujer es
una superdotada del placer erótico frente al hombre, no es que lo
diga yo, lo dice la ciencia. Biológicamente somos capaces de
continuar sintiendo placer y teniendo orgasmos después del primer
orgasmo. Es verdad que el proceso de calentamiento erótico es más
lento pero, la meseta de permanencia dentro del clímax es más
larga, tiene fluctuaciones y picos de placer que pueden resultar
increíblemente intensos. Te animo a que lo pruebes, no te des por
vencida a la primera, sigue, hasta que te falte el aliento o hasta
que te aporreen la puerta. Cuando dos mujeres que se atraen o se aman
tienen relaciones sexuales, se produce una explosión de placer y
erotismo que se puede alargar durante horas. Nadie debería temer que
la gente se ame, lo decía Jesucristo: amaos los unos a los otros
como yo os he amado. Lo que verdaderamente hace daño, lo que es
perjudicial para el buen funcionamiento de la sociedad, es que haya
personas que decidan agredir a otras, por como estas vivan su
sexualidad y con ello se salten la norma básica de convivencia, que
debería grabarse a fuego en las bases éticas de cualquier pueblo:
El respeto.
Hemos
pasado mucho, mucho, las mujeres que por desgracia hemos tenido que
sufrir desde la más tierna infancia, al no encontrar un solo
referente lésbico positivo al que aferrarnos para poder, al menos,
intentar reconocernos en algo que no fuese una imagen enfermiza de
nuestro lesbianismo.
Pero,
¿Cómo podíamos vernos reflejadas en otras mujeres que fueran como
nosotras, cuando ni siquiera, dentro de un contexto heterosexual
existía un libertad sexual sobre la que festejar nada?.
Me
acuerdo mucho de la adolescencia, de las inmensas diferencias que se
establecían entre chicos y chicas. Cómo se catalogaba a la chica
que disfrutaba teniendo encuentros eróticos, aunque estos no fuesen
consumados y los términos con los que se referían a ella. ¿Todos
hemos oído la palabra puta,
no?. Incluso entre nosotras que éramos iguales, había una
deferencia, una actitud de linchamiento permanente contra aquella
amiga
que se permitía el lujo de disfrutar de si misma. Nadie se tocaba.
Es curiosa la negación permanente que había frente a la
masturbación, todas sabíamos lo que era pero, nadie se tocaba. Me
acuerdo mucho de aquella época y de haber experimentado por primera
vez en mi vida una tensión sexual no resuelta que estaba cargada de
culpa. Me acuerdo de haberme enamorado como una perra de mi mejor
amiga y sin poder evitarlo, haber tenido un orgasmo dándole un
masaje. Me acuerdo de haberme sentido en deuda con ella por eso
durante mucho. Me acuerdo de haber llorado su perdida, sin tener muy
claro si lo que me ataba a ella era, esa grandiosa tensión sexual no
resuelta o un sentimiento de impotencia mezclado con hormonas
adolescentes, que confundía con el amor. Nos volvimos locas, el día
que nos dijimos: Te quiero. Nos asustamos. Nos besamos castamente.
Nos volvimos locas y lloramos, porque sabíamos que aquello ya nunca
volvería a ser lo mismo. Me dijo que le había partido el corazón,
que verdaderamente no la quería porque si la quisiera, jamás la
habría besado. Fue uno de los peores momentos de mi vida. Jamás me
he sentido tan mal por desear a nadie. Hoy en día lo veo como algo
natural, sano, incluso festejable pero, en aquel momento creo que me
hicieron pagar un billete de “solo ida” demasiado caro.
Creo que el precio que se paga en
esta sociedad al nacer mujer es injusto. La mujer sigue teniendo una
constante necesidad de complacencia social, sexual, que la lleva a un
estado permanente de insatisfacción emocional, cuando se quiere
cumplir a rajatabla con el papel que se le asigna. Tener que cumplir
un expediente personal, familiar, laboral y erótico. Tener que
representar tantos papeles al mismo tiempo y no tener ni un segundo
para ti, resulta agotador. No me extraña que haya muchas mujeres que
no tengan orgasmos. El hecho de tener que permanecer tanto tiempo
concentrado en ser una mujer perfecta desmotiva y frustra. Ya no
quieres tener orgasmos, lo que quieres cuando tienes ese nivel de
exigencia, es dormir una noche seguida sin que te asalte ni una
pesadilla más. Mirad de vez en cuando a vuestras compañeras,
madres, hermanas y amigas, no ya vuestras mujeres, que también, y
hacedme un favor, darles
de mi parte un abrazo. Un
abrazo de esos que rompe el alma, que las hagas sentir por un momento
queridas, cuidadas y consideradas. Uno tan fuerte, que se te salten
las lágrimas y que les desplace de esa máscara, de ese yugo que nos
han puesto desde el día en que nacimos y nos sexaron sin sexuarnos.
Acerca de Mónica Martín
Mónica Martín es novelista, relatista y bloguera experimental. Esta extravagante, polifacética y joven escritora relacionada con el mundo de la literatura LGTB, no ha dejado a nadie indiferente a lo largo de su trayectoria literaria. Autora de la novela “Sin Control (2006)”, el poemario “An-verso jugando con el sonido (2008)” y el ensayo “Visibilidad (2009)”, en 2011 ha roto todos sus esquemas creativos con la novela coral “Títeres”.
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Después que descubrí mi Mantis fue y ha sido maravilloso! Yo descubrí el mío cuando no tenía pareja hace varios años atrás. Ahora lo disfruto mucho con mi pareja, pero no puedo negar que también lo sigo disfrutando cuando estoy a solas. Siento que son momentos de privacidad que me pertenecen.
Por virgie - 28/02/2012 17:23
Hace 18 anios que estoy en pareja y han sido un hermoso viaje de descubrimiento, ayer le dije a mi mujer que es fantastico liberarse de las culpas, los miedos, los estereotipos, los mandatos y los etc que nos han tratado de imprimir en la cabeza.El unico pecado sexual es el sexo sin placer.
Por jullcita - 02/03/2012 1:26
Muy bueno como siempre todo lo que escribes Mónica, que inspiradora eres y eso que solo le tocaste el muslo a tu mujer,ja. Es una gran verdad todo lo que mencionas, ojala un día no muy lejano descubra mi mantis y la saque flote y sepa vivir mi sexualidad libremente sin miedo a nada, a veces siento que estoy despericiando mi vida sin disfrutarla. Saludos
Por radel - 03/03/2012 19:00
Me encanta leer vuestros comentarios. Una se siente como más acompañada en este camino tan raro que va recorriendo cada semana.
Hay que disfrutar de la sexualidad libremente, empezando por una misma. ¿No os ha pasado que según vas descubriendo que cosas te gustan más o menos en el auto erotismo, (masturbación en plata), no solo tus relaciones mejoran sino que se van abriendo puertas dentro de ti?.
Yo os animo a disfrutar sin complejos.
Ole!
Por monicamartin - 03/03/2012 20:54
Me parece genial que hayas tocado el tema nuestra sexualidad por cierto tan oculta y acallada por tanto tiempo y tantas personas a nuestro alrededor que una al principio no sabe muy bien para donde disparar... esto a mi me sucedió ya hace muchos años, de chica y sin tener con quien hablarlo, sensaciones desconocidas... un susto de aquellos por no saber lo que mi cuerpo me devolvía ante mi imaginación y propia estimulación, temprana tal vez?, no lo sé... con las chicas de mi edad no lo podía hablar, sólo pude después, mas o menos en mis 15 con amistades que me llevaban muchos años y de quienes aprendí mucho en la vida, era lo más cercano a referentes que tenía,... de la homosexualidad no se hablaba casi, ni se mostraba como ahora, me alegra mucho no haberme reprimido sexualmente ni haber cargado con "culpas"...
Aún así, con todo lo que se avanzó, a las mujeres se nos continúa tratando de manejar evitando sobre todo que nos liberemos de esa carga que impone la sociedad respecto al ser libres de disfrutar de nuestro cuerpo y de mostrar que lo somos.
Hasta tener mi primera relación "real" de a dos, mis relación con mi propio cuerpo se fue liberando y haciendo que me conociera a mi misma cada vez más, y aunque son cosas muy diferentes, estando en pareja no he visto la necesidad de tener que prescindir, sino inclusive de poder compartir algo tan intimo y sublime, nunca lo había pensado como el bramido de una mantis, jaja, esta muy bueno.
Gracias por compartir con nosotras tus artículos!
Por monicabujan - 05/03/2012 15:58
Hay que tocar mucho el tema del sexo. Lo seguiré haciendo en las siguientes entregas, creo que la liberación de la mujer y de la mujer lesbiana en particular pasa, en parte por esa comprensión y disfrute plena de su sexualidad.
Lo bonito que es decir que te gusta una chica u otra con tus amigos, familia, compañeros de trabajo, de verdad no tiene precio.
Por monicamartin - 06/03/2012 22:33
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